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América Latina quiere su lugar en la nube

América Latina y el Caribe albergan una pequeña fracción de los centros de datos globales, pero pueden convertirse en protagonistas si logran alinear sus estrategias en torno a la infraestructura digital. Así lo plantea el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) en su más reciente informe Graph For Thought, donde urge a gobiernos, empresas e instituciones a coordinarse para transformar la región en una potencia de inteligencia artificial y tecnología de frontera.

La región apenas cuenta con el 0,4 % de los centros de datos más potentes del mundo, pero el Pnud plantea un camino para convertirlos en motor de desarrollo digital

Hoy existen unos 10.000 centros de datos distribuidos en 164 países. Pero su capacidad no se reparte de forma equitativa. Estados Unidos concentra el 38,5 % de la infraestructura global, seguido por el Grupo de los Siete (G7) con el 17,7 %. China, aunque con solo el 3,7 % del total, cuenta con una capacidad de procesamiento comparable a la estadounidense, gracias a su red de hiperescaladores, los centros de datos más avanzados y potentes del planeta.

Frente a este panorama, América Latina y el Caribe apenas representan el 4,8 % de la infraestructura total y sólo el 0,4 % de los hiperescaladores. No obstante, la región podría duplicar el valor de su mercado digital hacia 2029 y alcanzar hasta 15 hiperescaladores en 2032, si se concretan las inversiones ya en marcha.

Pocas manos, grandes diferencias

En la región, el mapa digital está lejos de ser homogéneo. Brasil lidera con el 37,2 % de los centros de datos, seguido por Chile (13,4 %), México (12,3 %), Colombia (8,4 %) y Argentina (6,8 %). Entre los cinco concentran más del 78 % de la infraestructura regional. Perú y Panamá alcanzan un modesto 3,1 % cada uno, y el resto de Sudamérica y Centroamérica no superan el 14 % combinado. El Caribe, por su parte, queda relegado con apenas el 2 %.

Este desequilibrio marca una clara frontera tecnológica: los países con mayor capacidad se preparan para capitalizar la IA, mientras otros dependen de servidores en jurisdicciones extranjeras, sujetos a regulaciones ajenas y con menor autonomía sobre sus datos.

Energía, agua y sostenibilidad

El desarrollo de nuevos centros de datos en la región no está exento de desafíos. Estas instalaciones consumen entre 10 y 50 veces más electricidad que un edificio comercial común. En paralelo, requieren millones de litros de agua al año para su refrigeración. Algunos pueden llegar a utilizar hasta 25,5 millones, el equivalente al consumo anual de unas 300.000 personas.

Para enfrentar este impacto, se vuelven prioritarios los enfoques sostenibles. Empresas en Chile, por ejemplo, se comprometieron a operar únicamente con energía renovable para 2025. Brasil, en tanto, avanza en grandes inversiones en energía solar y eólica, en una carrera contra el tiempo para satisfacer la creciente demanda energética digital.

También se exploran tecnologías de refrigeración más eficientes. Desde enfriamiento líquido hasta técnicas de free cooling que aprovechan el aire exterior en climas templados, el objetivo es mantener el rendimiento sin multiplicar el consumo. No se trata solo de almacenar datos: se trata de hacerlo sin hipotecar los recursos naturales.

Un futuro posible… pero no garantizado

Las proyecciones son ambiciosas. El mercado regional podría pasar de los 6000 millones de dólares actuales a cerca de 10.000 millones en 2029. Solo en 2024, las inversiones ya superaron los 2000 millones de dólares, con capital mayoritariamente extranjero. Pero esa bonanza no asegura soberanía digital.

Según el Pnud, es clave que los países de América Latina y el Caribe desarrollen su propia infraestructura y no se limiten a consumir tecnología importada. ‘Si gobiernos, inversionistas e instituciones regionales alinean sus estrategias, los centros de datos pueden convertirse en la base de la innovación basada en IA’, afirma el organismo.

La región tiene talento, demanda y un mercado digital en crecimiento. Pero necesita reglas claras, planificación a largo plazo e inversión en infraestructura propia. Sin estos elementos, corre el riesgo de quedarse en los márgenes del nuevo orden tecnológico global.

¿Proveedor o protagonista?

El informe cierra con una advertencia directa: la pregunta ya no es si América Latina vivirá un auge de IA y centros de datos, sino si será capaz de aprovechar esa ola de forma coordinada. Si logra hacerlo, podrá construir ventajas comparativas, fomentar innovación sostenible y sentar las bases de un ecosistema autónomo.

De lo contrario, volverá a ser proveedor de recursos y consumidor de tecnología, a un solo clic de distancia de convertirse en protagonista… pero sin ocupar nunca el centro de la nube.