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Attack Recovery: tan importante como la prevención

La transformación digital ha colocado a América Latina en el centro de una intensa actividad de ciberataques. Ante este panorama, las organizaciones de la región deben entender una verdad clara y contundente: ‘La recuperación post ataque, tener respuesta rápida y eficiente para la continuidad de negocio. Todo lo demás se hace, pero las empresas se dividen en dos grupos: las ya atacadas y las que van a ser atacadas’. Esta afirmación resume la realidad regional, donde alrededor del 75% de las empresas reportaron al menos un ataque de ransomware, pero solo un 28% está suficientemente preparado con infraestructuras alternativas para recuperarse, según datos de Fortinet.

La urgencia de recuperarse rápidamente

La velocidad con que una empresa logra recuperarse tras un incidente define su supervivencia. Según estudios recientes de IBM Security, en 2024 el tiempo promedio para recuperarse tras una brecha de seguridad fue alarmante: 7,3 meses, un 25% más que el año anterior. Aquellas compañías que recortaron presupuestos en ciberseguridad experimentaron tiempos aún mayores, de hasta 10,9 meses. Esto generó una respuesta inmediata: el 87% de las empresas latinoamericanas planea aumentar sus inversiones en prevención y recuperación, según IDC.

En sectores clave como el retail, las pérdidas pueden ser devastadoras. Por ejemplo, la cadena mexicana Coppel reportó pérdidas cercanas a USD 15 millones tras sufrir un ataque de ransomware que paralizó sus más de 1.800 tiendas físicas y virtuales durante casi tres meses, según reportó El Financiero México. Esta situación refleja claramente que cada día de inactividad equivale a daños económicos crecientes, que en algunos casos son irrecuperables.

En el sector salud, las consecuencias son aún más críticas. Hospitales en la región han visto interrumpida la atención a pacientes debido a ataques de ransomware que inhabilitan historiales clínicos y sistemas operativos durante semanas. Según un informe de Wired, los procesos burocráticos internos en hospitales agravan el tiempo de recuperación, lo que puede resultar fatal.

Por lo tanto, la planificación anticipada de la recuperación es vital, ya que ‘los ingresos, la reputación y el tiempo perdido afectan permanentemente las relaciones comerciales. Además, los ataques continuos exigen estrategias proactivas, no reacciones impulsivas’, afirmó Marshall Erwin, CSO de Fastly.

Soluciones tecnológicas y estratégicas de recuperación

Una de las soluciones más destacadas es contar con backups automatizados y offline. Expertos como Veeam recomiendan la regla 3-2-1: tres copias de datos en dos medios distintos, una de ellas fuera del sitio principal. Aun así, Kaspersky reporta que hasta un 96% de las organizaciones latinoamericanas no respalda adecuadamente sus datos, dejando enormes vacíos en su capacidad de recuperación.

Los planes de recuperación ante desastres (DRP) también han demostrado ser esenciales. Por ejemplo, Mercado Libre logró mantener operativas sus plataformas durante una brecha atribuida al grupo LAPSUS$ en 2022, gracias a su arquitectura distribuida y DRP probado y documentado, según información de Reuters. La recuperación como servicio (DRaaS) también está ganando terreno en empresas grandes, al ofrecer infraestructura respaldada en nube con reactivación casi inmediata.

La inteligencia artificial juega un papel cada vez más relevante. Soluciones modernas de backup utilizan machine learning para detectar anomalías en datos respaldados antes de que puedan ocasionar daños mayores. Esto permite seleccionar rápidamente puntos seguros de recuperación, acelerando considerablemente el proceso, según afirma Gartner en sus reportes de seguridad.

Finalmente, los seguros cibernéticos están creciendo en adopción. Aunque en América Latina apenas una de cada diez empresas contaba con ciberseguros en 2022 según Howden Group, las grandes organizaciones empiezan a verlos como parte esencial de su estrategia financiera y operativa frente a un ataque.

Casos exitosos de recuperación en América Latina

Grandes empresas en la región han implementado exitosamente estrategias de recuperación post-incidente. El Banco Itaú en Brasil es un referente claro. El banco realiza periódicamente simulacros de recuperación ante ataques simulados, garantizando así que sus sistemas vitales puedan ser restaurados en minutos desde sitios alternativos, cumpliendo con estrictas regulaciones del Banco Central brasileño.

La multinacional mexicana Cemex también se destaca, al adoptar planes globales que incluyen backups frecuentes y la migración a entornos híbridos. Cuando el terremoto de 2017 afectó sus oficinas centrales, sus operaciones críticas se mantuvieron activas desde su centro de datos secundario, demostrando la importancia de una estrategia integral de continuidad.

En Colombia, Ecopetrol ha integrado medidas específicas para proteger infraestructura crítica. La petrolera colombiana mantiene redes segregadas y respaldos offline, con planes detallados de respuesta ante incidentes para proteger tanto sistemas administrativos como industriales. Gracias a esto, cuando enfrentó intentos de intrusión en 2023, pudo asegurar la integridad operativa en menos de 48 horas.

Principales obstáculos en la recuperación post-incidente

Sin embargo, América Latina enfrenta importantes desafíos que impiden una recuperación efectiva. La falta de presupuesto y de priorización por parte de la alta gerencia continúa siendo la mayor barrera, según IDC. Muchas empresas posponen inversiones en soluciones de backup avanzadas o centros de datos alternativos por considerarlas gastos prescindibles, pese a que, paradójicamente, terminan pagando mucho más en el momento de un incidente.

La cultura reactiva, otro obstáculo crucial, lleva a las organizaciones a actuar solo después de sufrir ataques graves. La falta de simulacros y capacitación sobre cómo actuar ante incidentes reales agrava la crisis cuando se produce. El resultado: el aprendizaje llega tarde, tras pérdidas significativas.

La dependencia excesiva de terceros complica aún más el panorama. La vulnerabilidad en la cadena de suministro digital, como quedó patente en incidentes globales como Kaseya en 2021, afecta a cientos de empresas que no tienen planes alternativos ante una caída de proveedores críticos.

Regulación regional y sectorial

El entorno regulatorio en Latinoamérica avanza hacia exigencias más estrictas sobre continuidad operativa y ciberseguridad. En Colombia, la Superintendencia Financiera (SFC) exige pruebas periódicas de continuidad, obligando a los bancos a mantener sistemas alternativos preparados. En México, la CNBV y Banxico coordinan un grupo de respuesta ante incidentes financieros, promoviendo la preparación colaborativa entre bancos.

Brasil, con su Ley General de Protección de Datos (LGPD), impulsa indirectamente a las empresas a elevar su resiliencia, ya que incumplimientos en seguridad pueden implicar multas severas de hasta 50 millones de reales según el texto legislativo. En Chile, tras el ataque a BancoEstado en 2020, la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) ha reforzado sus exigencias en cuanto a planes de continuidad.En definitiva, América Latina se encuentra ante un escenario complejo, en el cual la capacidad de recuperación ante ataques cibernéticos es tan decisiva como la prevención. La experiencia demuestra claramente que aquellas organizaciones que integran la resiliencia en su ADN corporativo son las que mejor afrontan y superan las crisis. Como resume la consultora Gartner: ‘No planificar la recuperación es planificar el fracaso’. Esta advertencia, hoy más vigente que nunca, debería guiar a todas las organizaciones latinoamericanas en la construcción de su estrategia futura.