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Centros de Datos, IA y Energía: ¿cómo equilibrar esta relación?

Por Cleber Pettinelli, Gerente de Ventas de Prysmian.

Cleber Pettinelli, Gerente de Ventas de Prysmian

5G, Internet de las Cosas, Inteligencia Artificial… Tecnologías que parecían de un futuro lejano, pero que hoy avanzan exponencialmente en todo el mundo y, en la medida de lo posible, también crecen en aplicaciones aquí en Brasil.

Sin duda, estas y muchas otras innovaciones cambiarán totalmente nuestra forma de producir, consumir y comunicarnos. Sin embargo, un desafío en particular amenaza el alcance y la expansión de estos beneficios: ¿cómo soportar la demanda adicional de energía y sustentar toda esta infraestructura?

Considerando que estas innovaciones serán aplicadas en centros de datos, se estima que para 2030 estos consumirán alrededor del 8% de la energía mundial, según la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés). Actualmente, consumen en torno al 1,5%, un nivel ya superior al consumo de países como Australia, por ejemplo.

Antes que nada, tenemos el desafío de mantener las máquinas funcionando ininterrumpidamente. Según la Asociación Brasileña de Centros de Datos (ABDC), la densidad de energía por rack ha ido aumentando año tras año en el mundo: era inferior a 1 kW en el año 2000 y se espera que alcance los 40 kW en 2025. Esto sin tener en cuenta la aplicación masiva de la IA, con la cual ciertamente no estaría lejos de los 100 kW.

Además de mantener todo en funcionamiento, no se puede subestimar el desafío de refrigerarlos, lo cual eleva aún más los costos de energía y de agua. Son sistemas que deben operar a temperaturas inferiores a los 30ºC para una mayor eficiencia, ya que los nuevos procesadores requieren una gestión térmica robusta para evitar el sobrecalentamiento, intensificando así el reto de la refrigeración y elevando los costos operativos asociados.

Siendo la mayor economía de América Latina, es natural que los centros de datos se concentren aquí. No existe una estimación oficial, pero datos de la ABDC sugieren alrededor de 150 centros, de los cuales cerca de 1/3 son de gran escala.

La ABDC contabiliza una capacidad instalada de 580 MW en centros de datos en Brasil, la mayor proporción en América Latina (850 MW). En los próximos tres años, sin embargo, esta capacidad podría alcanzar los 1,5 GW solo con los proyectos ya aprobados. Si además consideramos la IA y el aprendizaje automático, la asociación proyecta un potencial de 10 GW.

Este aumento es significativo –aunque distante de los actuales 28 GW de EE.UU. y los 5 GW de la UE–, pero alarmante si consideramos que el brasileño promedio consume solo 1/3 de la energía de sus pares estadounidenses y europeos. Esto deja un amplio margen de aprovechamiento en medio de la transición energética brasileña.

La consolidada matriz de energía renovable de Brasil es, sin duda, un gran atractivo, impulsada principalmente por el crecimiento en la generación de energía solar y eólica. Con mucho sol, viento, costas poco profundas y proyectos de eólicas offshore en la mira de los inversores para la próxima década, el escenario parece ideal para décadas doradas en el futuro. Sin embargo, no debemos olvidar el presente: ¿cuán preparadas, estables y seguras están nuestras redes para un futuro eléctrico y digital?

Lamentablemente, la evolución de nuestras matrices renovables, especialmente en el Nordeste, no avanza al mismo ritmo que la expansión y mejora de las redes de transmisión y distribución. Peor aún, se ha vuelto común desconectar la generación renovable porque no se puede transportar toda la energía a los centros de consumo.

Esto encarece el costo para todos los actores y, principalmente, para los consumidores, genera pérdidas en activos aún en fase de retorno de inversión y paraliza los planes futuros. ¿Tiene sentido perder el rumbo por no haber hecho los deberes?

Además de construir nuevas redes, es necesario aumentar la vida útil de las actuales, mejorar su eficiencia, su capacidad de prever situaciones extremas y reaccionar rápidamente ante eventos imprevisibles. Los grandes apagones llaman más la atención, pero son los pequeños los que más perjudican, ya que son constantes, pasan desapercibidos y, lamentablemente, ocurren con tanta frecuencia que ya nos hemos acostumbrado a ellos.

Es posible abordarlos y existe un extenso trabajo de I+D en este sentido. Destaco especialmente las estrategias centradas en la ampliación de la confiabilidad del sistema, que también incluyen la tan necesaria descarbonización de las redes, añadiendo valor con productos de materias primas recicladas, entre otras innovaciones.

Más que cantidad, es necesario planificar la calidad y durabilidad del sistema. Estas no son inversiones de corto plazo, y prolongar al máximo los beneficios de la transición energética contribuye no solo al avance tecnológico de Brasil, sino a toda la sociedad.