¿Qué es lo que más desvela u ocupa hoy a los responsables de ciberseguridad en Chile? Las respuestas recogidas por Prensario muestran que la preocupación ya no se concentra en una tecnología o amenaza aislada. Los CISOs deben integrar seguridad y negocio, controlar ecosistemas cada vez más distribuidos y preparar a sus organizaciones para responder cuando las defensas preventivas no alcanzan.

La nube, la transformación digital y la contratación de servicios externos ampliaron las posibilidades de las empresas, pero también multiplicaron los accesos, las dependencias y los puntos que deben supervisarse. A esto se suman ransomware, cumplimiento normativo, continuidad operacional, trabajo remoto y la necesidad de crear una verdadera cultura de seguridad.
La seguridad entra al negocio
Uno de los puntos que más se repite es la necesidad de dejar de considerar la ciberseguridad como un asunto exclusivamente técnico. Elier Alfaro, de Banco BICE, plantea que el objetivo es integrarla cada vez más al negocio y que la tecnología debería ocupar un lugar secundario frente a la gestión del riesgo.
La misma mirada aparece en Pedro Novoa, de Redbanc, quien considera que la seguridad debe entenderse como un atributo de calidad de la empresa y no como un requisito técnico. El desafío se vuelve más complejo con el trabajo remoto, porque el comportamiento de los colaboradores adquiere mayor peso en la protección de la información.
Para el CISO, esto implica hablar con las áreas operativas, comprender cuáles son los servicios críticos y traducir las amenazas a posibles interrupciones, pérdidas o impactos reputacionales. Ya no alcanza con presentar cantidad de alertas o incidentes bloqueados: hay que mostrar cómo los controles sostienen la actividad.
Terceros y cloud bajo observación
La delegación de funciones en plataformas SaaS y proveedores especializados aparece como otra preocupación central. Jesús Peña, de SMU, destaca la necesidad de controlar la seguridad de terceros y señala que la organización trabaja en un programa de requisitos aplicables a sus proveedores.
Este punto es crítico porque una compañía puede mantener defensas maduras y aun así quedar expuesta a través de un socio con accesos, datos o integraciones privilegiadas. El buyer necesita evaluar prácticas de seguridad, capacidad de recuperación y obligaciones de notificación antes de contratar, y continuar monitoreándolas durante toda la relación.
En paralelo, Mauricio Vera, de Banco de Chile, pone el foco en los controles cloud y en la visibilidad sobre contenedores. A medida que las cargas se distribuyen entre diferentes nubes y arquitecturas, el riesgo no es solo perder el perímetro tradicional, sino dejar de saber qué activos existen, cómo están configurados y quién puede acceder a ellos.
Respuesta y continuidad
Los ataques ya no se consideran acontecimientos excepcionales. La agenda se desplaza hacia la capacidad de contenerlos y recuperar la operación. Ezequiel Fagetti, de BHP Americas, destaca la creación de una alianza regional de compañías mineras para colaborar en ciberseguridad y sostiene que, cuando no es posible evitar todos los ataques, hay que optimizar la respuesta.
En salud, esta presión adquiere un impacto directo sobre servicios esenciales. Pablo Jaca, de Alexander Fleming, señala a la continuidad operacional y al ransomware como preocupaciones cercanas, aunque reconoce la dificultad de competir por presupuesto frente a equipos e inversiones vinculados con la actividad médica central.
La resiliencia exige planes de contingencia, respaldos protegidos y pruebas reales de recuperación. También requiere coordinación con proveedores, áreas legales, comunicación y alta dirección. Un documento que nunca fue probado puede fallar cuando cada minuto de interrupción cuenta.
Personas, procesos y cumplimiento
El factor humano continúa entre los puntos más sensibles. Luis Valdebenito, de Caja Los Andes, prioriza los planes de awareness y considera que las personas siguen siendo el eslabón más débil, mientras los controles tecnológicos están más desarrollados.
La concientización, sin embargo, no puede limitarse a cursos anuales. Debe adaptarse a los riesgos de cada rol, medirse y transformarse en hábitos cotidianos. La ingeniería social y el robo de credenciales explotan decisiones humanas, por lo que la formación debe acompañar los cambios en las modalidades de ataque.
También crece el peso del cumplimiento. Andrés Muñoz, de Agunsa, plantea la necesidad de estar a la altura de los diferentes compliances mediante procesos y tecnología. La mayor conciencia ayuda, pero las organizaciones suelen continuar reaccionando detrás de las exigencias y amenazas.
Por su parte, Arnaldo Cárdenas, de BUPA, reúne varios de los desafíos que aparecen de manera transversal: optimización de procesos, desarrollo seguro, actualización de vulnerabilidades e inteligencia conjunta entre compañías del grupo.
Una agenda convergente
Las respuestas muestran realidades sectoriales diferentes, pero permiten ordenar la agenda en cinco grandes prioridades: integrar la seguridad al negocio, controlar terceros y cloud, fortalecer la respuesta, trabajar sobre el factor humano y convertir el compliance en procesos sostenibles.
El CISO chileno ya no puede concentrarse únicamente en comprar herramientas o defender un perímetro. Debe conocer dependencias, definir responsabilidades, preparar la recuperación y lograr que toda la organización comprenda su papel.
La principal preocupación no es una amenaza puntual, sino la capacidad de sostener la operación frente a un entorno que cambia permanentemente. La madurez se mide cada vez menos por la cantidad de soluciones instaladas y más por la posibilidad de anticipar, responder y continuar funcionando.