Chile está experimentando una transformación de fondo en su rol dentro del ecosistema tecnológico regional. En el corazón de Sudamérica, el país se proyecta con fuerza como un hub estratégico de tercerización, con una sinergia cada vez más visible entre los datacenters, la nube, la conectividad y los servicios off shore. Este avance, que venía gestándose de manera sostenida desde hace más de una década, se consolidó en los últimos dos años con una ola de inversiones inédita. El nuevo auge de la infraestructura 4.0 y el desembarco masivo de los gigantes de la hiperescala reconfiguraron el mapa regional: Chile no sólo atrae infraestructura, sino que también se convierte en una base operativa clave para el Cono Sur. La estabilidad relativa del país, la orientación pro-negocios y un ecosistema digital en plena expansión lo posicionan como uno de los puntos más codiciados para los grandes jugadores globales.

Inversiones que marcan un antes y un después
El volumen de inversiones que ha captado Chile en materia de infraestructura tecnológica no tiene precedentes. Según datos recientes de Research & Markets, el país ya cuenta con cerca de 38 datacenters operativos y más de 9 proyectos nuevos en desarrollo, concentrados principalmente en la Región Metropolitana. Se proyecta que hacia 2030 se alcanzarán 330 MW de capacidad IT, con una inversión estimada de USD 1.000 millones. Esta cifra incluye tanto centros de datos locales como infraestructura pensada para servicios cloud y edge, alimentando una economía digital que ya tracciona empleo, talento y exportaciones de servicios.
En el frente de los hiperescaladores, AWS se posicionó como un actor clave al anunciar una inversión de USD 4.000 millones para construir su región cloud en Chile, con puesta en marcha prevista para 2026. En paralelo, Microsoft profundizó su plan Transforma Chile con tres datacenters y USD 500 millones de inversión. Google, con operación histórica en Quilicura, reforzó su presencia con una región cloud y un contrato PPA con AES por 440 GWh/año. Incluso Oracle amplió su apuesta con una segunda región en Valparaíso, desembolsando más de USD 100 millones. Todos estos actores persiguen objetivos de sostenibilidad, comprometiéndose con el uso de energías 100% renovables.
Por el lado del colocation y los MTDC (Multitenant Data Centers), Chile también se vuelve un imán. Equinix construye su quinto datacenter, el ST5, con una inversión de USD 130 millones y 24.420 m². Ascenty, propiedad de Digital Realty y Brookfield, ya suma 42 MW en Chile y proyecta SCL04 y SCL05 con un potencial conjunto de 150 MW. Odata y Scala Data Centers también ampliaron su footprint: Scala, por ejemplo, financió tres nuevos centros (en Curauma, Lampa y Huechuraba II) por USD 254 millones. A estos se suman otros actores como EdgeConneX, Nabiax, SONDA, GTD, y la recientemente incorporada Ufinet, que adquirió Internexa Chile.
Chile como base de operaciones regional
La posición geográfica de Chile, sumada a su estabilidad institucional relativa frente a otros países del Cono Sur, lo convierte en un nodo estratégico para operar hacia el resto de la región. La baja latencia que ofrece su conectividad (Santiago–Buenos Aires ~21 ms, Santiago–Lima ~25 ms, Santiago–São Paulo ~48 ms) lo vuelve un punto ideal para servicios de continuidad operativa como DR o DRaaS. A esto se le suman múltiples cables submarinos, como el Curie de Google (que conecta con EE.UU.) y el futuro Humboldt, que enlazará Chile con Australia. Además, el país cuenta con cinco IXPs distribuidos en Arica, Osorno, Temuco, Concepción y Santiago, lo que refuerza aún más su infraestructura de conectividad de borde.

La trayectoria de Chile como país tercerizador no es nueva, pero sí adquirió una nueva dimensión. Ya era un polo reconocido de servicios BPO, contact centers y software factories. Empresas como SONDA y GTD no sólo lideran el mercado local sino que también expandieron sus operaciones a Perú y Colombia, convirtiéndose en verdaderos embajadores del modelo chileno. En el DCD Cancún, el principal evento de datacenter regional, ambas compañías recibieron premios destacados en 2024 por sus proyectos de vanguardia, lo que refleja su crecimiento más allá del mercado doméstico.
Esta tendencia de expansión no es unilateral. Los grandes colocation players que desembarcaron primero en Brasil y México comenzaron su proceso de ‘bajada’ hacia el sur. Colombia fue el siguiente paso, y ahora es Chile el nuevo foco, gracias a una combinación de factores que van desde la madurez del ecosistema local hasta las limitaciones políticas y económicas de países vecinos como Argentina. En este proceso se destacan adquisiciones clave, como la de los datacenters de Entel por parte de Equinix o los activos regionales de Telefónica comprados por Nabiax.
Los datos respaldan esta transformación: en 2023, Chile exportó servicios IT y de outsourcing por más de USD 2.135 millones, con un crecimiento del 57% respecto al año anterior. Los principales destinos fueron Estados Unidos, Perú, Colombia y Argentina. La ventaja chilena radica en su cercanía idiomática, zona horaria alineada con el resto de Latinoamérica y un marco regulatorio predecible.
Infraestructura energética: el talón de Aquiles
El crecimiento explosivo del ecosistema digital chileno tiene un límite claro y urgente: la energía. Los datacenters de gran escala, especialmente los de hiperescala y colocation, requieren una demanda eléctrica similar a la de pequeñas ciudades. En ese contexto, la infraestructura de transmisión actual muestra señales de saturación. Hoy existen cuellos de botella críticos, con subestaciones que ya no logran absorber nuevos proyectos. La S/E Manuel Rodríguez, por ejemplo, recibió 20 solicitudes para sólo 6 plazas disponibles, un indicio directo del desbalance entre oferta y demanda energética.
En respuesta, se están construyendo ocho nuevas subestaciones con plazos de entrega de entre 18 y 60 meses, pero el mercado avanza más rápido que los tiempos regulatorios. Algunos proyectos, como el de Google en Cerrillos, quedaron en pausa o fueron cancelados tras litigios ambientales, lo que evidencia que todavía hay tensiones entre crecimiento económico y sustentabilidad. Por eso, a fines de 2024, el gobierno chileno eliminó la obligatoriedad de Evaluación de Impacto Ambiental para datacenters de gran escala, buscando acelerar los procesos, aunque esta medida también generó controversia entre sectores ambientalistas.
A pesar de los desafíos, el país mantiene una alta penetración de energías renovables. En octubre de 2023 se registró un récord de 93,5% de generación eléctrica proveniente de fuentes limpias, en su mayoría solar e hidroeléctrica. Actores como Google, AWS y Odata firmaron contratos PPA que garantizan abastecimiento con energía verde. El de Google, por ejemplo, es un PPA híbrido con AES de 440 GWh/año por 14 años. En tanto, Ascenty declaró que todos sus datacenters en Chile operan con emisiones cero, y su índice PUE está por debajo del promedio regional.
El consumo de agua también es un tema delicado. La mayoría de los operadores implementa sistemas de enfriamiento por aire o evaporativos, minimizando el uso hídrico. AWS, por ejemplo, afirmó que sólo utilizará agua un 4% del tiempo en sus centros de datos chilenos, lo cual equivale al consumo de ocho viviendas en 15 años. Estas cifras muestran un claro compromiso con la eficiencia, aunque también reflejan una realidad: si Chile no resuelve su cuello de botella energético, podría ver frenado su posicionamiento como hub regional.
Servicios tercerizados: un mercado en plena ebullición
La infraestructura no es el único pilar que sostiene el posicionamiento chileno. Lo que verdaderamente termina de consolidar al país como hub tercerizador es la amplitud y madurez de su ecosistema de servicios. Desde contact centers hasta soluciones completas de IT outsourcing, Chile combina experiencia, talento y estabilidad. Hoy no sólo es un centro de operaciones para grandes empresas extranjeras, sino también una base exportadora de servicios tecnológicos que genera divisas, empleos y proyección regional.

La industria del outsourcing chileno emplea decenas de miles de personas. Según cifras oficiales, las exportaciones de servicios alcanzaron los USD 2.135 millones en 2023, con un salto del 57% respecto a 2022. La mayor parte de esta cifra proviene de actividades ligadas al software, la consultoría tecnológica, los contact centers y las soluciones BPO. Los principales destinos de estos servicios son Estados Unidos, Perú, Colombia y Argentina, lo que posiciona a Chile como un actor clave tanto en el modelo nearshore como offshore.
Este desarrollo no es casual. La asociación gremial BPOCH agrupa a más de 15 empresas del sector, que colectivamente emplean a unas 30.000 personas. El país ha logrado construir una propuesta de valor diferencial frente a otros hubs regionales como México o Brasil. Mientras estos últimos ofrecen regímenes fiscales agresivos, Chile compite con confianza institucional, bajo riesgo cambiario, menor volatilidad regulatoria y una estructura educativa sólida, especialmente en áreas STEM. Esto lo vuelve atractivo para clientes corporativos que priorizan previsibilidad por encima de incentivos de corto plazo.
El contexto local también empuja hacia arriba la demanda interna de servicios tercerizados. Sectores clave como banca, retail, telecomunicaciones, energía y gobierno están migrando sus cargas al cloud, lo que genera nuevas oportunidades para proveedores de servicios administrados. Aunque no hay cifras nacionales específicas, se estima que el gasto corporativo en nube y ciberseguridad crece a tasas superiores al 10% anual. El efecto dominó es claro: más infraestructura genera más servicios, y más servicios sostienen nuevas inversiones.
Un país con contradicciones, pero con un rumbo claro
Chile no es perfecto. Y su ascenso como hub tercerizador convive con tensiones profundas. En el plano político, la polarización entre derecha e izquierda recrudeció en los últimos años, con una agenda pública marcada por conflictos sociales, movilizaciones y una ciudadanía cada vez más demandante. Este escenario contrasta con la imagen de estabilidad que vende hacia afuera, aunque no llega a desarticular el ecosistema tecnológico que, por ahora, se mantiene relativamente ajeno a la incertidumbre.
Uno de los factores que permite ese despegue sostenido es la tradición chilena en tercerización. Mientras otros países recién comienzan a articular políticas que promuevan el outsourcing, en Chile ya existe un tejido empresarial consolidado, con experiencia exportadora y una estructura de colaboración público-privada que favorece los negocios. El Estado, en general, acompaña las inversiones con incentivos concretos, como los fast-tracks regulatorios o los mapas de polos tecnológicos, que definen zonas geográficas con beneficios aduaneros y fiscales.
Lo más llamativo del caso chileno no es la magnitud de las inversiones, sino su convergencia. Los grandes de la nube, los operadores de colocation, las telcos locales y las software factories están tirando en la misma dirección, algo que pocas veces se ve en América Latina. Y lo hacen sobre una base sólida: conectividad internacional de primer nivel, baja latencia, capital humano competitivo, una matriz energética cada vez más renovable y una apuesta institucional clara por los servicios digitales.
Como bien expresó Eduardo Carvalho, CEO de Equinix en la región, durante una entrevista en DCD Cancún 2024: ‘Chile es hoy lo que Brasil fue hace diez años: el centro de gravedad del Cono Sur. Si no pasa nada raro, tiene todo para seguir liderando’.