El crecimiento de los datacenters en México estuvo concentrado durante los últimos años en Querétaro, que logró reunir inversiones de hiperescalas, operadores multitenant y proveedores de infraestructura hasta convertirse en uno de los principales hubs de América Latina. Pero la propia velocidad de ese desarrollo está modificando el mapa: energía, agua, disponibilidad de terrenos y tiempos de conexión empiezan a impulsar la búsqueda de alternativas en otras regiones.

A esto se suma una política federal que en 2025-2026 reforzó los incentivos para nuevas inversiones. Plan México introdujo beneficios fiscales aplicables a empresas nacionales y extranjeras, mientras los nuevos Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar —PODECOBI— agregaron condiciones particularmente favorables para inversiones realizadas en determinadas zonas. El resultado es un país con más opciones, aunque para datacenters los incentivos fiscales son sólo una parte de la ecuación.
La ubicación óptima depende también de energía disponible, conectividad, agua, latencia, riesgo climático, mano de obra y cercanía con los mercados que utilizarán la infraestructura. Por eso, el nuevo mapa mexicano no tiene un único ganador: distintas regiones empiezan a ofrecer ventajas para diferentes tipos de proyectos.
Querétaro: el ecosistema sigue pesando
Querétaro continúa siendo la referencia obligada. Su principal incentivo ya no es un beneficio fiscal puntual, sino el ecosistema construido durante años. La presencia de AWS, Microsoft, Google Cloud, Equinix, KIO, ODATA, CloudHQ, Ascenty y otros operadores generó una concentración de infraestructura, proveedores, fibra y conocimiento difícil de reproducir rápidamente en otro estado.

Para una nueva inversión, esta concentración reduce parte del riesgo. Existen proveedores especializados, personal con experiencia, conectividad desarrollada y un mercado de clientes y partners que ya reconoce al estado como hub tecnológico. Además, su ubicación permite servir al gran mercado de Ciudad de México sin asumir todos los costos y restricciones de instalar infraestructura dentro de la capital.
La contracara es justamente el éxito. La disponibilidad de potencia eléctrica se convirtió en el principal límite para continuar expandiendo el cluster, mientras la concentración aumenta la competencia por terrenos e infraestructura. Por eso, Querétaro continúa siendo una opción privilegiada para grandes despliegues, pero ya no necesariamente la respuesta automática para cualquier proyecto.
Ciudad de México: estar cerca de la demanda
Ciudad de México y su área metropolitana ofrecen una ventaja diferente: proximidad con la mayor concentración de empresas, organismos públicos, instituciones financieras y usuarios digitales del país. Para workloads sensibles a latencia, interconexión y acceso directo a grandes clientes corporativos, esa cercanía puede justificar costos superiores.
La región también funciona como gran nodo de conectividad, lo que favorece colocation, interconnection y Edge. En vez de competir necesariamente con Querétaro por enormes campus hyperscale, puede capturar infraestructura destinada a acercar aplicaciones y servicios a los usuarios finales.
El espacio disponible, los costos inmobiliarios y las restricciones propias de una gran metrópolis limitan proyectos de escala gigantesca. Pero el crecimiento de inferencia IA puede reforzar su atractivo: mientras training puede concentrarse donde existe energía abundante, muchas aplicaciones necesitan ejecutar modelos cerca de los usuarios que los consumen.
Nuevo León: industria, frontera y nearshoring
Monterrey y Nuevo León aparecen como una de las alternativas naturales para una segunda gran concentración de infraestructura. El estado combina un fuerte ecosistema industrial, proximidad con Estados Unidos, actividad de nearshoring y una elevada presencia de empresas internacionales.
Estas condiciones generan demanda local de cloud, Edge, ciberseguridad, IoT e IA industrial. Manufactura avanzada, automotrices y grandes operaciones logísticas producen información que en muchos casos necesita procesamiento con baja latencia y alta disponibilidad, creando un mercado diferente al puramente hyperscale.
La ubicación también favorece la integración con la infraestructura digital estadounidense. Para operadores que busquen atender simultáneamente el norte mexicano y el sur de Estados Unidos, Monterrey ofrece una posición estratégica. KIO ya incluyó a la ciudad dentro de sus planes de expansión 2026, una señal de que los operadores mexicanos ven demanda más allá del corredor Querétaro-CDMX.
Jalisco: talento y economía digital
Guadalajara aporta otra ventaja competitiva: un ecosistema tecnológico desarrollado durante décadas. La presencia de empresas de electrónica, software, semiconductores y servicios IT le dio el apodo de “Silicon Valley mexicano” y generó una base de profesionales particularmente relevante para infraestructura y nuevas aplicaciones de IA.
Para una AI Factory, un laboratorio empresarial o infraestructura vinculada con desarrollo de software, disponer de talento puede pesar tanto como determinados incentivos fiscales. La capacidad de conectar datacenter, universidades, desarrolladores y compañías tecnológicas favorece proyectos donde la infraestructura forma parte de un ecosistema de innovación más amplio.
Jalisco no posee actualmente la escala de datacenters de Querétaro, pero esa diferencia también abre espacio. A medida que el mercado se descentraliza, las regiones con demanda digital propia y disponibilidad de capital humano pueden captar instalaciones más especializadas.
Chihuahua: manufactura IA y acceso a Estados Unidos
El norte del país está ganando relevancia por otra vía. Chihuahua, y especialmente Ciudad Juárez, se convirtió en un punto importante para la fabricación de servidores y equipamiento destinado a datacenters estadounidenses, aprovechando su base manufacturera y proximidad con la frontera.
Esta concentración puede generar un ecosistema complementario alrededor de infraestructura digital. Tener fabricación, logística y cadenas de suministro cercanas reduce tiempos para determinados componentes y conecta al estado directamente con el boom de datacenters e IA de Estados Unidos.
Además, Chihuahua forma parte del nuevo esquema de Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar. Esto agrega potenciales beneficios fiscales y administrativos a ventajas industriales ya existentes, aunque la viabilidad de un gran datacenter seguirá dependiendo fundamentalmente de asegurar energía y conectividad adecuadas.
Sonora: energía y conexión transfronteriza
Sonora presenta un perfil distinto, donde el potencial energético y la cercanía con Estados Unidos pueden pesar especialmente. Hermosillo fue incorporado entre los Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar y la estrategia regional busca aprovechar la actividad industrial y energética del estado.
Para infraestructura digital, la disponibilidad futura de energía limpia puede convertirse en un diferencial. Los grandes operadores globales tienen compromisos crecientes de descarbonización y necesitan ubicaciones capaces de sostener enormes consumos eléctricos sin multiplicar proporcionalmente sus emisiones.
El atractivo no implica que Sonora pueda transformarse inmediatamente en un nuevo Querétaro. Se necesitan fibra, redundancia, proveedores especializados y suficiente demanda. Pero muestra cómo el mapa puede ampliarse hacia regiones que hasta ahora no aparecían entre las primeras opciones para datacenters.
Tamaulipas: energía, industria y Golfo
Altamira, Tamaulipas, también fue seleccionada como Polo de Desarrollo Económico. Su actividad portuaria, energética e industrial ofrece condiciones interesantes para proyectos intensivos en infraestructura y la conecta con corredores logísticos del Golfo de México.
Para datacenters, una ventaja potencial es precisamente la posibilidad de combinar desarrollo industrial con nuevas inversiones energéticas. Además, la cercanía relativa con Estados Unidos puede favorecer conectividad internacional y servicios destinados a empresas que operan a ambos lados de la frontera.
Como en Sonora, el incentivo fiscal por sí solo no crea un hub digital. Pero puede mejorar la ecuación financiera de proyectos que ya encuentren condiciones apropiadas de energía, conectividad y terrenos.
Los nuevos Polos: incentivos mucho más agresivos
La creación de los PODECOBI introduce una variable importante para comparar regiones. En agosto de 2026, México cuenta con 15 Polos de Desarrollo Económico distribuidos en Campeche, Chihuahua, Durango, Estado de México, Guanajuato, Hidalgo, Michoacán, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Tlaxcala y Veracruz.
Para las empresas que inicien operaciones y desarrollen actividades elegibles dentro de estos polos, el decreto federal permite una deducción inmediata del 100% de las inversiones en bienes nuevos de activo fijo realizadas entre 2025 y 2030. También contempla una deducción adicional equivalente al 25% del incremento en gastos de capacitación o innovación.
Para un proyecto intensivo en capital como un datacenter, la deducción acelerada de infraestructura puede resultar particularmente atractiva. Sin embargo, los beneficios dependen de que el proyecto y su actividad cumplan las condiciones del programa; estar ubicado en un estado que contiene un Polo no significa automáticamente que cualquier inversión realizada allí reciba los incentivos.
Plan México: beneficios más allá de los Polos
Existe además una segunda capa federal. Los estímulos de Plan México no distinguen entre empresas nacionales y extranjeras ni se limitan a un sector industrial específico. Para nuevas inversiones realizadas durante 2025 y 2026, contemplan porcentajes de deducción inmediata que varían aproximadamente entre 41% y 91%, según el tipo de activo, y mantienen beneficios para inversiones posteriores hasta septiembre de 2030.
El programa también establece una deducción adicional del 25% sobre determinados incrementos de gastos en capacitación e innovación. El objetivo es que el incentivo no se limite a importar equipamiento, sino que genere capacidades, proveedores y conocimiento dentro de México.
Esto es particularmente relevante para el ecosistema digital. Un proyecto puede combinar infraestructura física con capacitación técnica, desarrollo de software, automatización, sistemas de cooling, ciberseguridad e innovación, generando un impacto mayor que la construcción del datacenter por sí sola.
Istmo de Tehuantepec: el incentivo fiscal más fuerte
El sur agrega un esquema todavía más agresivo mediante los Polos de Desarrollo para el Bienestar del Istmo de Tehuantepec. Allí existen beneficios que incluyen una reducción del 100% del ISR durante los primeros tres años, seguida por reducciones de entre 50% y 90% durante otros tres años según el cumplimiento de requisitos de empleo.
También se contempla deducción inmediata del 100% de determinadas inversiones en activo fijo y beneficios de IVA para operaciones realizadas dentro de los Polos.
Desde el punto de vista fiscal, es una propuesta difícil de ignorar. Desde el punto de vista de datacenters, sin embargo, hay que separar incentivo de viabilidad. La disponibilidad de energía redundante, fibra, conectividad internacional, riesgo climático y acceso a personal especializado deben evaluarse antes de considerar al Istmo como alternativa a los hubs consolidados.
La oportunidad puede estar inicialmente en proyectos vinculados con actividad industrial, logística y Edge, más que en replicar inmediatamente un campus hyperscale de Querétaro.
¿Dónde conviene invertir?
El nuevo mapa obliga a abandonar una comparación basada solamente en impuestos. Para un datacenter, un incentivo fiscal extraordinario puede perder rápidamente su valor si la instalación debe esperar años por una conexión eléctrica o construir por su cuenta buena parte de la infraestructura necesaria.
Querétaro conserva la ventaja del ecosistema y la escala; Ciudad de México, la proximidad con la demanda; Nuevo León, industria y conexión con Estados Unidos; Jalisco, talento y tecnología; mientras estados del norte y los nuevos Polos agregan manufactura, energía, logística e incentivos fiscales.
Por eso, las mejores opciones dependen del workload. Un hyperscaler puede priorizar cientos de MW y fibra; una AI Factory, energía y cooling; un operador Edge, latencia; una empresa industrial, cercanía con sus plantas; y un proveedor offshore, conectividad con Estados Unidos.
La novedad de 2026 es que México empieza a ofrecer más combinaciones posibles. Querétaro sigue siendo el gran hub, pero el crecimiento del mercado y sus propios cuellos de botella están creando incentivos para mirar hacia afuera.
En la próxima etapa, la competencia ya no será solamente entre operadores dentro de Querétaro. También será entre regiones mexicanas que busquen convertir energía, conectividad, industria, talento e incentivos en su propia propuesta para captar infraestructura digital.