Debido, principalmente, a su posición geográfica al estar al sur de los Estados Unidos, México es un mercado emergente de suma importancia. La adopción tecnológica entre las empresas más grandes del país está en niveles avanzados, el país se encuentra en un lugar de privilegio con respecto a la situación global de América Latina.
De acuerdo con la Secretaría de Economía mexicana, el país se ha convertido en el tercer exportador de servicios de IT a nivel mundial y ha sido clasificado como el sexto mejor destino para la subcontratación de servicios, así como contact y call centers. Además, es el segundo destino de inversión en software en la región. Por otro lado, se ubica en el tercer puesto de exportadores de servicios de tecnologías de la información, por detrás de India y Filipinas.

En Latinoamérica, el 23 % de la inversión total en proyectos de software va a México, siendo el segundo destino. Este país es el segundo mercado más importante de América Latina, solamente después de Brasil, en términos del valor de mercado.
En los últimos 10 años, el sector IT ha crecido a una tasa anual promedio de 11.2%, superior al crecimiento del PIB nacional. Esto se debe al impulso de las exportaciones, que registraron en el periodo de referencia una tasa de crecimiento anual promedio de 42.8%.
Entre 2006 y 2011, las inversiones en el sector de IT, a través de los proyectos apoyados por el Fondo Prosoft (Programa para el Desarrollo de la Industria del Software y la Innovación), pasaron de 78 millones de dólares a cerca de 115 millones de dólares.
Con respecto a la empleabilidad, el sector IT registra alrededor de 600 mil personas en la industria y creció un 11% entre el período del 2002 y el 2011. Según IDC, el mercado de servicios de las TICs subió en el 2022 a más de 2,150 millones de dólares, lo que representa un 18.4% de crecimiento con respecto a 2021. Para 2024 se pronostica que sumará más de 8,850 millones de dólares.
En términos de costos de operación, de acuerdo con el documento del ente oficial, en el sector de las tecnologías de información, México se compara con niveles similares a los de China e India y resulta más competitivo que el resto de los países en Asia, Europa y América del Norte.
Esto significa una gran oportunidad para el país, porque es el más competitivo para el diseño de software y la producción de videojuegos. Según KPMG, México es 39% más barato que los Estados Unidos en el Desarrollo de Entretenimiento Digital; 38% en el Diseño de Software y 60% en los Servicios de Asistencia.
Otro informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) prevé que la economía mexicana crezca un 2.2% en 2024 y proyecta un 2.0% en 2025. Todo esto por la solidez de un mercado laboral que aumentará el consumo interno. Además, la inversión se verá respaldada por los proyectos de infraestructuras públicas en 2024 y por la deslocalización gradual de actividades manufactureras a México. Las exportaciones sostendrán el crecimiento en 2025, tras perder algo de dinamismo en 2024 por la ralentización registrada en Estados Unidos. La inflación seguirá descendiendo poco a poco hasta el 3.1% en 2025.
En lo que respecta a la política monetaria, esta misma institución informa que se suavizará progresivamente al tiempo que mantenga su orientación restrictiva para conseguir que la inflación siga descendiendo de forma sostenida.
Sin embargo, en lo que respecta a desafíos y faltantes, quitando las políticas sobre ciberseguridad, no hay una agenda pública que tenga como prioridad el desarrollo de puestos laborales en el sector de las TICs impulsada desde el Gobierno mexicano y articulada por el sector privado, con la participación de las instituciones de educación superior y el capital de riesgo.
Además de la dependencia de los grandes proveedores globales, la ausencia de políticas e incentivos a nivel local ha dificultado el florecimiento de una industria mexicana de sistemas y aplicaciones, con un alto grado de innovación patentable para la creación de ventajas competitivas.
De acuerdo con cifras de la OCDE, México invierte ocho veces menos en investigación y desarrollo (R&D, por sus siglas en inglés), tiene una plantilla de investigación nueve veces menor, publica 5.5 veces menos artículos de investigación, y sus residentes realizan 20 veces menos aplicaciones de patentes en las principales oficinas de propiedad intelectual.