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México: ups & downs 2026

México llega a 2026 con señales aparentemente contradictorias. Por un lado, entre ejecutivos y proveedores se percibe un mercado más complejo que durante el boom de anuncios de los últimos años: pesan la disponibilidad energética, los tiempos de conexión, la incertidumbre regulatoria y un escenario económico menos expansivo. Por otro, las cifras de infraestructura digital siguen mostrando crecimiento, nuevas inversiones y una posición privilegiada dentro del mapa latinoamericano.

La diferencia está en que el mercado cambió de etapa. Entre 2022 y 2024, el nearshoring, el cloud y los grandes proyectos hyperscale generaron una ola de anuncios que convirtió especialmente a Querétaro en uno de los polos tecnológicos de mayor crecimiento de la región. En 2026, la discusión ya no pasa tanto por anunciar nuevos megaproyectos como por conseguir energía, terminar los que están en marcha y absorber la capacidad comprometida.

Así, más que una crisis generalizada, México atraviesa un proceso de maduración. Algunas variables que impulsaron el boom continúan en alza, mientras otras empiezan a actuar como freno. Estos son los principales ups & downs del mercado mexicano en 2026.

UP: Querétaro sigue creciendo

El principal “up” continúa siendo Querétaro. Según CBRE, en el primer trimestre de 2026 alcanzó 298,2 MW de inventario de datacenters, un incremento interanual de 450,2%, convirtiéndose en el mercado de mayor crecimiento entre los principales hubs latinoamericanos analizados por la consultora.

La expansión responde en buena medida a la entrada en operación de grandes proyectos hyperscale y de IA. La disponibilidad llegó a 31,5 MW y el vacancy rate se ubicó en 10,6%, todavía con un importante volumen de capacidad precontratada. Querétaro combina cercanía con Ciudad de México, conectividad hacia Estados Unidos, infraestructura industrial y una concentración de proveedores que genera un efecto de cluster.

La Asociación Mexicana de Data Centers —MEXDC— estimó en mayo que México contaba con 279 MW instalados y que Querétaro concentraba alrededor del 72% de esa capacidad. En el estado tienen proyectos AWS, Microsoft, Google Cloud, Equinix, KIO, ODATA, CloudHQ, Ascenty y Huawei, entre otros. Más allá de las diferencias metodológicas entre las mediciones de capacidad, todas coinciden en un punto: Querétaro ya es uno de los grandes hubs digitales de América Latina.

DOWN: la energía se convierte en el límite

Ese crecimiento genera al mismo tiempo el principal “down”. La disponibilidad eléctrica empieza a determinar cuánto del pipeline anunciado puede convertirse efectivamente en capacidad operativa.

El problema se vuelve más exigente con IA. Los nuevos clusters requieren densidades mucho mayores y, por lo tanto, proyectos que hace pocos años podían dimensionarse con determinadas necesidades energéticas hoy deben contemplar demandas superiores. Según MEXDC, la capacidad instalada del país podría pasar de 279 MW en 2026 a 1.730 MW hacia 2031, de los cuales unos 1.200 MW se concentrarían en Querétaro.

Atender ese crecimiento exige inversiones en generación, transmisión y distribución. La CFE proyecta inversiones con impacto en Querétaro cercanas a MXN 9.000 millones durante el sexenio, mientras gobierno e iniciativa privada trabajan sobre nuevas alternativas de suministro. El desafío no es exclusivo de México —la energía se convirtió en el gran cuello de botella mundial del datacenter—, pero la velocidad de crecimiento de Querétaro lo vuelve particularmente visible.

UP: las grandes inversiones no desaparecieron

La sensación de desaceleración tampoco significa que haya dejado de entrar capital. CloudHQ anunció una inversión de USD 4.800 millones para construir seis centros de datos en Querétaro, sobre un campus de 52 hectáreas. El proyecto contempla 360 MW de carga IT crítica total y disponibilidad inicial prevista desde 2027.

AWS, por su parte, comprometió USD 5.000 millones para su región de México en Querétaro, una inversión pensada a largo plazo y vinculada tanto al crecimiento cloud como a la demanda de servicios digitales de empresas mexicanas.

También continúa moviéndose el mercado local. KIO Data Centers anunció en agosto inversiones superiores a USD 200 millones durante 2026 para nuevos proyectos en Ciudad de México, Monterrey y Querétaro, después de completar las fases dos y tres de QRO2. Además, evalúa hasta USD 1.300 millones adicionales hacia 2030 para QRO3, un desarrollo de aproximadamente 100 MW.

La inversión, entonces, no desapareció. Lo que cambió es el contexto en el que debe ejecutarse.

DOWN: del anuncio a la ejecución

El mercado de 2026 resulta menos espectacular en anuncios individuales que el ciclo 2022-2024. Select describe precisamente este cambio como el paso de la “fiebre inversora” a una etapa donde los cuellos de botella energéticos determinan el ritmo de expansión.

Esto obliga a distinguir entre inversión anunciada, capacidad en construcción y MW efectivamente operativos. En un mercado donde un proyecto puede requerir varios años desde su planificación hasta la puesta en servicio, un pipeline multimillonario no significa que toda esa capacidad vaya a incorporarse inmediatamente.

Para proveedores y usuarios, el cambio tiene consecuencias concretas. Disponibilidad de energía, tiempos de conexión, permisos y capacidad de ejecución pesan más que antes en la elección de un sitio. La oportunidad sigue siendo grande, pero capturarla resulta más complejo.

UP: IA genera una segunda ola

Si cloud y nearshoring impulsaron buena parte del primer boom, IA aparece como un nuevo motor. México necesita capacidad no sólo para almacenar información y ejecutar aplicaciones tradicionales, sino también para soportar training, inferencia y servicios asociados a modelos de IA.

Esto favorece instalaciones de alta densidad, nuevas soluciones de cooling, mayor networking y storage de alto rendimiento. También aumenta el valor estratégico de disponer de capacidad computacional dentro del país, especialmente para organizaciones que necesitan menor latencia, soberanía del dato o cumplimiento regulatorio.

El gobierno federal también reconoce esa necesidad. Al presentar la inversión de CloudHQ, la presidenta Claudia Sheinbaum destacó explícitamente que aumentar la capacidad local de procesamiento es relevante para IA y tecnologías de información.

DOWN: el gobierno pide más selectividad

Al mismo tiempo, el discurso público de 2026 introduce un matiz que el mercado deberá seguir de cerca. En agosto, Sheinbaum sostuvo que México necesita datacenters para desarrollar IA, pero que el crecimiento del país no debería basarse indiscriminadamente en convertirse en el centro de procesamiento de otros mercados.

La preocupación está vinculada al elevado consumo de energía y, según el tipo de instalación, agua, frente a una generación de empleo permanente relativamente limitada. La postura no implica un cierre a las inversiones —el propio gobierno promovió proyectos multimillonarios de AWS y CloudHQ—, pero sí apunta hacia mayor planificación sobre dónde y bajo qué condiciones deberían instalarse.

Esto puede anticipar una etapa en la que eficiencia energética, impacto territorial, origen de la electricidad y beneficios locales pesen más en las aprobaciones y negociaciones de nuevos proyectos.

UP: México se vuelve parte de la cadena global de IA

Hay además un fenómeno que excede al mercado local de datacenters. México se está convirtiendo en un nodo relevante de la propia cadena de suministro de infraestructura IA.

Durante 2026, fabricantes asiáticos expandieron fuertemente la producción mexicana de servidores destinados a datacenters estadounidenses. Entre enero y mayo, las exportaciones mexicanas de servers y hardware relacionado hacia Estados Unidos alcanzaron USD 46.900 millones, más del doble que un año antes, y representaron cerca de una quinta parte de las exportaciones totales del país durante ese período.

La proximidad con Estados Unidos, la base manufacturera ya instalada y el acceso comercial norteamericano están favoreciendo especialmente a ciudades fronterizas como Ciudad Juárez. Esto amplía la lectura del nearshoring: México no sólo puede alojar datacenters, sino también fabricar parte de la infraestructura física que alimenta el boom global de IA.

DOWN: agua y licencia social

La energía no es el único recurso bajo presión. El crecimiento de datacenters en Querétaro también genera cuestionamientos sobre consumo de agua, uso territorial y beneficios concretos para las comunidades donde se instalan.

El impacto depende mucho de la tecnología utilizada. Los nuevos proyectos pueden incorporar circuitos cerrados, refrigeración sin agua y otras soluciones que reduzcan significativamente el consumo hídrico. CloudHQ, por ejemplo, plantea para su nuevo campus de Querétaro un sistema de refrigeración sin agua.

Pero la discusión ya está instalada y probablemente gane importancia a medida que aumente la escala. Para los operadores, eficiencia y sustentabilidad dejan de ser solamente indicadores ESG: empiezan a influir en permisos, aceptación social y viabilidad de largo plazo.

UP: empieza la diversificación

La concentración en Querétaro sigue siendo enorme, pero justamente sus restricciones pueden impulsar una segunda generación de hubs mexicanos. Ciudad de México y Monterrey ya forman parte de los planes de expansión de operadores como KIO, mientras distintas regiones buscan combinar disponibilidad energética, fibra, actividad industrial y cercanía con Estados Unidos.

La diversificación puede ser saludable para el mercado. Reduce dependencia de un único hub y permite ubicar cargas según latencia, energía, disponibilidad de terreno y necesidades de los usuarios. Los análisis sectoriales ya señalan que restricciones de agua y volatilidad de la red en Querétaro están incentivando a operadores a evaluar ciudades fronterizas y ubicaciones sobre la Costa del Golfo.

No se trata de que Querétaro pierda liderazgo, sino de que el mercado mexicano empieza a ser suficientemente grande como para necesitar más de un polo.

2026: menos euforia, más mercado

Los ups & downs mexicanos muestran, en definitiva, dos fotografías verdaderas al mismo tiempo. Quienes señalan mayores dificultades encuentran argumentos: energía, regulación, agua y tiempos de ejecución son obstáculos concretos y la etapa de megaproyectos anunciados uno detrás de otro perdió intensidad.

Pero hablar simplemente de retroceso tampoco describe el mercado. Querétaro multiplicó su capacidad instalada, continúan inversiones multimillonarias, IA genera nueva demanda y México incluso está ganando protagonismo como fabricante de servidores para Estados Unidos.

El cambio es de madurez. En la primera etapa, la pregunta era quién anunciaba el próximo datacenter. En 2026, importa mucho más quién consigue energía, termina la obra, pone los MW en producción y encuentra demanda suficiente para utilizarlos.

México mantiene condiciones difíciles de replicar: escala, cercanía con Estados Unidos, base industrial, conectividad y un mercado digital en crecimiento. El desafío consiste ahora en convertir esas ventajas en infraestructura sostenible y disponible.

Por eso, el principal up de 2026 es que México sigue creciendo. Y buena parte de sus downs son, paradójicamente, consecuencia de haber crecido tan rápido.